
He visto la primera parte de la película española que han emitido en Antena 3 para resaltar la figura de Adolfo Suárez. Tengo que decir que se me han agolpado muchos sentimientos y reflexiones, y teniendo en cuenta que no conozco la vida privada de Adolfo Suárez ni tampoco tenía constancia de toda su trayectoria tal y como se esboza en la película, tengo que reconocer la labor de quien fuera el primer Presidente democrático de nuestro país.
A mi no me gusta cuando se reconoce la labor, sea profesional o personal, de alguien que ya ha fallecido. Suárez no ha muerto, por lo menos físicamente, aunque todos conocemos que su estado no le permite percibir la realidad ni ser él completamente. La obra de Suárez tampoco ha muerto, y seremos unos desagradecidos si no reconocemos la labor que ejerció dentro del régimen primero, y en la democratización de España después. Su lealtad a Franco, con un punto de astucia, y su forma de ir “aprovisionando” aperturistas en sus distintos cargos políticos, sobre todo cuando fue Gobernador Civil en Segovia; fueron rasgos importantes de Adolfo Suárez en su etapa predemocrática.
Suárez fue uno de esos “imprescindibles” que a veces evitamos en nuestros discursos, por la grandeza del concepto. Yo estoy convencido de ello, igual que lo fue, Santiago Carrillo, Felipe González, Torcuato Fernández-Miranda, el Rey y sobre todo, la sociedad española que llenó de madurez y sensatez la difícil tarea de conducirnos a un Estado de derecho y democrático.
A mi no me gusta cuando se reconoce la labor, sea profesional o personal, de alguien que ya ha fallecido. Suárez no ha muerto, por lo menos físicamente, aunque todos conocemos que su estado no le permite percibir la realidad ni ser él completamente. La obra de Suárez tampoco ha muerto, y seremos unos desagradecidos si no reconocemos la labor que ejerció dentro del régimen primero, y en la democratización de España después. Su lealtad a Franco, con un punto de astucia, y su forma de ir “aprovisionando” aperturistas en sus distintos cargos políticos, sobre todo cuando fue Gobernador Civil en Segovia; fueron rasgos importantes de Adolfo Suárez en su etapa predemocrática.
Suárez fue uno de esos “imprescindibles” que a veces evitamos en nuestros discursos, por la grandeza del concepto. Yo estoy convencido de ello, igual que lo fue, Santiago Carrillo, Felipe González, Torcuato Fernández-Miranda, el Rey y sobre todo, la sociedad española que llenó de madurez y sensatez la difícil tarea de conducirnos a un Estado de derecho y democrático.
Algún día, nos levantaremos por la mañana con la triste noticia del fallecimiento de Suárez, y mi mayor deseo es que hayamos demostrado y mostrado nuestro profundo agradecimiento y afecto a un hombre que arriesgó todo por nosotros.




