
Desde hace algún tiempo, existe una preocupación en todos los ámbitos. Una conversación que todo el mundo tiene, en tono coloquial, alrededor de las pensiones del futuro por la caída de nacimientos en nuestro país. Nuestra comunidad no es menos, y también ha descendido la natalidad un 6%, la primera vez en 15 años. Por eso se estudian medidas que resultan harto impopulares, como el alargamiento de la edad de jubilación hasta los 67 años, para impedir la quiebra de nuestro sistema de pensiones. Sólo la presencia de los inmigrantes en los últimos años ha podido frenar algo el desastre, al haber aportado ellos más cotizantes a la Seguridad Social y una mayor tasa de natalidad, que nos ha hecho alcanzar los casi 47 millones de habitantes.
Me temo que una solución para evitar que la pirámide poblacional siga dando la vuelta es que los españoles tengamos más hijos. Que pasemos de tener 1,41 hijos por mujer del año 2009 a superar los 2,1, que es la tasa considerada como de reemplazo, donde los nacimientos superan a las defunciones. Vamos, que la gente perdiera el miedo a ser familia numerosa (que se es ya con sólo 3 hijos). De lo contrario, avanzamos hacia una sociedad donde pocos jóvenes tengan que soportar a muchos mayores, provocando el colapso total del sistema. Se ha instaurado en nuestra sociedad la noción de que se vive mejor sin hijos, o con pocos hijos. Las parejas no se casan, sino que conviven juntos. La situación social tampoco ayuda a tener una familia numerosa. El trabajo no es estable, la vida sube, todo el mundo quiere ser propietario de una vivienda, tener los mejores coches, salir cada fin de semana, etc. La mayoría de los ciudadanos sostienen que solo “los ricos” pueden compaginar este ritmo de vida con hijos en casa, a pesar de que en realidad, las familias numerosas no son normalmente las que mayor renta tienen. Los hijos se retrasan lo más posible, también porque las costumbres han variado enormemente en casa, la incorporación de las mujeres al mundo laboral y la necesaria y obligada incorporación del hombre a las tareas del hogar. La edad media de maternidad en España está hoy en los 30,95 años.
Otra solución pasa por abordar “sin complejos” el debate de las pensiones. Si nadie hace nada, la realidad tozuda nos arrollará. Soy consciente de que el tema es poco "populista", pero también soy consciente de que algo hay que hacer. El debate ha de ser sosegado, abierto a todos los colectivos afectados y estudiando todas las posibilidades. No podemos cargarnos un sistema que reconoció el esfuerzo de millones de españoles y que ha funcionado, y funciona, de una forma óptima. Eso sí, antes de esto, hay que tomar otras medidas también. Acabar con la economía sumergida, acabar con el fraude fiscal de este país, que es vergonzoso. También hay que acabar con las prejubilaciones exageradas, que suponen un insulto hacia las personas que no tienen ese “lujo”. También es necesario tomar medidas de progresividad fiscal, reforzar el fondo de reserva de la seguridad social y proponer que el mundo de la empresa aporte también un fondo de reserva para situaciones excepcionales. Un melón que debemos abrir. Ésta generación debe allanar el terreno para las venideras, asegurar que un sistema que ha supuesto un éxito en el reconocimiento de derechos siga funcionando en el futuro. Ante los nuevos fenómenos, nuevas decisiones valientes.